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AÑOS DE HISTORIA
Para la fecha, ya Guadalajara tenía rango de ciudad y escudo de armas.
Incluso ya era entonces capital del Reino de Nueva Galicia: en 1539, tras tres
sucesivos intentos de fundación, el rey español Carlos V decidió,
no obstante, otorgarle a Guadalajara el título de ciudad. Pero no fue
hasta el 14 de febrero de 1542 que logró establecerse la villa.
En 1560 el papa Paulo III autorizó establecer en Guadalajara el obispado
de la Nueva Galicia, y en ese mismo año la audiencia del reinado fue
trasladada también para la Ciudad de las Rosas, que por la época
abrigaba a unos 500 españoles, a otros tantos esclavos negros y unas
2 200 familias indígenas esparcidas en un área de cinco kilómetros
alrededor de los primeros cimientos de la Catedral.
A finales del siglo XVIII el noroeste ya había sido definitivamente colonizado
por la Compañía de Jesús: la Perla de Occidente empezaba
a ser tal, luego de un florecimiento súbito y sostenido del comercio
y, en consecuencia, de su población y territorio. A inicios de la pasada
centuria la ciudad contaba con 35 000 habitantes y poco más de 300 manzanas,
y para 1821, una vez consumada la independencia, albergaba a 46 000 vecinos.
Después vinieron las luchas entre federalistas y centralistas, y luego
entre liberales y conservadores, y no fue hasta 1867, con la restauración
de la República Mexicana, que Guadalajara
volvió a vivir años de esplender económico y cultural.
La luz eléctrica y los teléfonos fueron instalados en 1884, poco
antes del establecimiento en la ciudad de un observatorio astronómico,
de la Cámara de Comercio, el Banco de Londres y el de Jalisco, las obras
del Teatro Degollado ya habían concluido entonces, y el recinto que todavía
hoy sigue abierto al público fue inaugurado en 1883 con la ópera
"Lucía de Lamermoor".
Con la Revolución de 1910, Guadalajara pasó a ser la segunda ciudad
más poblada del país, pero los años siguientes -hasta bien
entrados los años 30- casi pusieron en riesgo su esplendor: sobrevinieron
más guerras -esta vez de carácter regional, en los estados de
Jalisco, Michoacán y Guanajuato-, y las secuelas del crack del 29 repercutieron
mucho más de lo esperado.
Los años 40, en tanto, fueron de tranquilidad social y política,
y de crecimiento marcado en el comercio, la industria y la demografía.
En 1950 Guadalajara empezaba a configurarse ya como lo que es: la metrópoli
mexicana de occidente, el centro cultural y económico más importante
del país después del Distrito Federal.